miércoles, 6 de septiembre de 2017

Pedro de Trejo y Paniagua

Pedro de Trejo Paniagua, abre la saga de los Trejos clérigos. Es el segundo hijo del matrimonio Antonio y Francisca que nos encontramos. Nace en 1571.
 
“A quince días del mes de noviembre año susodicho, yo Juan de la Pila clérigo baptize a Pº hijo del señor Antonio de Trejo y de la señora doña Francisca de Sande su mujer. Fueron sus padrinos el Sr. don Graº de Loaysa y la señora doña María de Trejo. No fue baptizado en casa. Y porque es verdad lo firme de mi nombre.”
 
Firmado: Juan de la Pila
 
Al referir a sus sobrinos el Cardenal Gabriel en relación con sucesos familiares de su tío Pedro dice: “La hacienda seglar que había en casa llevósela toda vuestro padre como mayor, una prebenda eclesiástica en que se podía acomodar uno de los hijos, llevósela el señor don Pedro.” “Estudiamos todos, y los dos mayores como se vieron acomodados dejaron el estudio, aunque el señor don Pedro no del todo.
 
Poco sabemos de su etapa de estudiante en el colegio mayor del arzobispado de Salamanca. Únicamente sabemos que estuvo en los años 1610 a 1613. Que había entrado en el Colegio con el número 129. Debió doctorarse en leyes, pues así se consigna cuando se hace cargo de la abadía de S. Isidoro de León. Además, para ocupar los cargos que desempeñó, era necesario tener titulación en alguno de los Colegios o Universidades del momento.
 
Su primer destino debió ser el de Canónigo Tesorero de la Catedral de Badajoz.
 

Posteriormente al cesar su hermano Gabriel como Capellán Mayor de las Descalzas, desde mayo de 1613 al 22 de mayo de 1614, le sucede ejerciendo como tal hasta mayo de 1616, siendo el 8º Capellán Mayor de dicho Monasterio.

Hay un tiempo en el que fue nombrado Oidor del Consejo de Navarra. Poco consta de sus labores en este puesto.
 
En julio de 1624 pasa a tomar posesión en la condición de Abad de la Real Colegiata de S. Isidoro de León
 
“Fue muy amante de S. Isidoro y fue sepultado en Santo Martino: sintió mucho su muerte toda la comunidad, porque fue todo el tiempo que vivió muy pacífico y gran limosnero y hacía mucha estimación de su Casa y canónigos”
Murió en febrero de 1634.
 
Fue Patrono del Convento de S. Francisco de Plasencia.

martes, 1 de agosto de 2017

Fray Antonio Trejo y Paniagua Obispo de Cartagena (y IV)

Su espíritu interior de la caridad
 
Pero no quedó su gestión al frente de la diócesis únicamente en la construcción de iglesias de piedras y maderas, sino que se ocupó como buen franciscano en la construcción de la Iglesia de piedras vivas.
 
Vuelto a España, por su actuación se mereció el título de padre de los pobres, además de enriquecer la iglesia catedral y otras del Obispado con grandes y magníficas obras.
 
Cuando volvió el obispo al gobierno de su obispado y ovejas, y cumpliendo con el cargo de Pastor y Padre de familias, consoló a sus ovejas con visitas y abundancia de limosnas.
 
En un año de mucha falta de pan sustentó cumplidamente mil seiscientos pobres. Entre ellos había algunos con fuerzas para poder trabajar y, cuando en una ocasión le dijo un Caballero, que para qué les daba, respondió: Me lo piden  por amor de Dios, y por amor de Dios se lo doy. Si están para trabajar, eso le pertenece al Corregidor y no a mí.
 
Una de sus preocupaciones fueron sus sacerdotes. Defendió la inmunidad de su clero en razón de tributos, con tanto valor y virtud, que el Consejo Real de Castilla llegó a pensar, si no estaría bien privarle de las temporalidades y mandarle salir del Reino.
 
Trajo por mandato del Rey don Felipe cuarto desde Cartagena al Escorial el cuerpo del Príncipe Filiberto, Gran Prior de San Juan, y le dio sepultura en aquel convento.
 
En esta jornada gastó el Obispo doce mil ducados; y en esta ocasión el rey partió al reino de Aragón; y yéndose a despedir del santuario de nuestra Señora de Atocha, le acompañó el obispo y le dio el agua bendita, y con ella su bendición.
 
El rey prosiguió su viaje y el obispo volvió al gobierno de sus ovejas y cátedra.
Otra de las características de Fray Antonio era su tenacidad ante lo que creía justo.
 
En cierta ocasión se vio involucrado en una “cessatio a divinis”, es decir una especie de huelga eclesiástica que causaba un terror sagrado en la población.
Le mandó el Consejo, bajo pena de mil ducados que levantase dicha pena; no quiso. Le sacaron los mil ducados, y viendo que el Consejo proseguía contra él, vendió sus alhajas, se las dio a los pobres, consumió el Santísimo y cubierto de ceniza se salió a la calle de la ciudad.
 
No todo en su vida fue correcto. Aunque no se quiera, en aquellos tiempos en los que tanto proliferaba el nepotismo, también tuvo algún brote, que le trajo dificultades.
 
Se cuenta que en cierta ocasión concedió beneficios vacantes a un tal Cristóbal de Ávila, a quien se le concedieron por ser el secretario del obispo Trejo.
 
Igualmente traspasó a su sobrino Antonio Trejo Monroy, hijo de su hermano Francisco, Marqués de la Mota, una prebenda que estaba asignada para otro. El Marqués en 1631 se pondrá de acuerdo con el cabildo sobre el pago de ciertos atrasos en la pensión. Más adelante será Don Gabriel de Trejo, sobrino, arcediano de Béjar en la catedral de Plasencia, quien disfrute la pensión.
 
En su faceta de escritor tenemos que decir que sus escritos, en su mayoría quedaron inéditos y se han ido publicando; tratan de la defensa de la Inmaculada Concepción, o son memoriales, cartas u otros documentos propios de los oficios que ejerció.
 
Como a todo mortal le llegó la muerte un jueves, entre las diez a las once del día trece de Diciembre de 1636. El pequeño casito que correteó por los alrededores de la Canal y el Mimbrero murió, con 56 años, Antonio de Trejo, Obispo de Cartagena, del Consejo de su Majestad”. El gran defensor de la Inmaculada Concepción de Santa María.
 
Se le dio a su cuerpo sepultura en la Capilla de Santa Bárbara de la Catedral que viviendo había fundado bajo el escudo de la familia Trejo, que el habían fundado y dotado con renta para cuatro capellanes.

CUADRO CRONOLÓGICO DE ANTONIO DE TREJO
  • Nace el 15 de Julio de 1579
  • Estudia en Salamanca
  • En León 1599
  • Zamora
  • León 1609
  • Secretario General de la Orden 1609
  • Comisario de Indias 1610
  • Vicario General de la Orden 7/12/1613
  • Obispo 16/09/1618
  • Entró en la diócesis 15/10/1618
  • Sale para Roma 22/11/1618
  • Regresa a la diócesis en mayo de 1620
  • Convoca un sínodo 28/05/1623
  • Muere el 13/12/1636

jueves, 20 de julio de 2017

Fray Antonio Trejo y Paniagua Obispo de Cartagena (III)

VUELTA A ESPAÑA DEL OBISPO TREJO

Intrigas y roces entre Alburquerque y el embajador Trejo

De nuevo se renovaron sus esperanzas, de seguir con sus empeños inmaculistas, con la venida a España del cardenal Trejo, para abogar en favor de su pariente el desgraciado don Rodrigo Calderón, pero también esta vez se desvanecieron todos los esfuerzos.

A pesar de esta carta, el rey, cediendo a las instancias del duque de Alburquerque, del cardenal Borja y del Nuncio, tomó una resolución definitiva, mandando a Trejo volver a España y reintegrarse a su obispado de Cartagena.  Carta en la que el monarca da a Trejo el título de embajador, cuatro meses más tarde de haberlo despojado de él el duque de Alburquerque.

El 7 de mayo de 1620 se despedía Trejo de Su Santidad, dándole en esa audiencia los tres últimos memoriales, que ya no tuvieron contestación. El día 20 del mismo mes salía de Roma. 

Llegado a España se retiró a su diócesis de Cartagena, viviendo en Murcia apartado de los asuntos políticos, dedicado al cuidado pastoral de su diócesis y a mejorar su templo catedral con ideas y mejoras traídas de Italia, como el magnífico trascoro  de estilo florentino dedicado, como era natural, a fomentar el culto de la Inmaculada Concepción en Murcia.

Humanamente podríamos decir que había fracasado. Sabemos que no se consiguió el cometido que llevaba, en parte por la actitud intransigente de Paulo V, enemigo de toda declaración dogmática, y en parte a las vacilaciones de Felipe III y a las divisiones originadas en el seno de la Junta de la Inmaculada de Madrid.

No obstante el trabajo realizado no fue inútil, pues sirvió posteriormente como base a nuevos intentos de conseguir dicho Dogma.

Puesto que su gestión no había obtenido los frutos deseados el  19-V-1620 regresa Trejo a su obispado de Cartagena, y durante catorce años, que sobrevivió, trabajó incansablemente por extender en su diócesis el dogma inmaculista.

El 28-V-1623 celebra sínodo en el que se acordó hacer solemne juramente inmaculista, declarando a la Inmaculada patrona de la catedral, de la ciudad y del Reino de Cartagena el 28-XI-1624.

El Obispo contra-reformista
 
Después del Concilio de Trento (1545-1563) la Iglesia estaba en plena implantación de las normas emanadas en dicho Concilio. Antonio de Trejo quiere hacerlo en su diócesis.

Al año siguiente se ocupa de establecer en Tabarra un convento de observantes y el 28 de mayo de 1623, convoca su primer sínodo y en noviembre de 1624, visita y adora la reliquia más importante de la diócesis de Cartagena, la Santísima Cruz de Calatrava.

Catedral de Murcia

Como consecuencia de sus conocimientos de Artes, pues recordemos que impartió clases en Zamora y León, hizo reformas, en lo posible, en la Catedral. También en las parroquias en que se podía.

En la catedral fundó en el trascoro de su Iglesia una insigne capilla, dedicada a la Concepción de Nuestra Señora, en que gastó veinte y cuatro mil ducados, y la dotó con renta suficiente, para que la sirvan cuatro capellanes. Es de estilo barroco y se compone de un bello frontal que combina jaspeados y mármoles en blanco y negro; fue la primera capilla consagrada a esta advocación en todo el mundo. (1625)

Dedicó otra capilla a S. Fulgencio, Obispo de Cartagena, entierro para los Obispo que lo fueren de esta Iglesia; y para los Prebendados, otro. Doró la Capilla mayor.

Aquí se encuentran en una urna de plata en la Capilla Mayor los restos de los llamados Cuatro Santos de Cartagena, (Fulgencio, Isidoro, Leandro y Florentina), de ellos el primero y el último son patronos de la Diócesis de Plasencia.

El palacio episcopal da cuenta de sus reformas
 
Fue un ejemplo palpable de la iglesia que salió de Trento, convirtiéndose en un auténtico príncipe de su diócesis. El obispo no se limitó a reformar su sede, sino que se preocupó de sus parroquias, tanto adaptando las ya construidas a las nuevas directrices, como a construir templos de nueva planta que ejemplificarían el espíritu contra-reformista. Asimismo, no se limitó a las obras eminentemente religiosas, sino que se preocupó por dar la imagen de poder necesaria para su cargo, reformando el palacio episcopal, que se adaptara para las nuevas necesidades. Al mismo tiempo, adoptó el culto a la Inmaculada como una empresa personal, en la que no estuvo aislado, ya que éste fue adquiriendo tal importancia hasta crear una dualidad mariana durante el siglo XVII, donde la Inmaculada y el Rosario se convirtieron en los estandartes de un renacido y fortalecido culto a la Virgen.

lunes, 10 de julio de 2017

Fray Antonio Trejo y Paniagua Obispo de Cartagena (II)

Obispo de Cartagena
 


Su blasón es un escudo de tipo español , con las armas de la orden de San Francisco, una cruz latina de sable, brochante, sobre ella dos brazos, uno en carnación y otro vestido de hábito de franciscano, en punta tres clavos en aspa, lleca timbre episcopal.

En mayo del año 1618 fue presentado por el rey para la mitra de Cartagena, recibiendo la consagración del Arzobispo de Zaragoza (Tarragona), también franciscano, P. Juan de Guzmán en las Descalzas Reales de Madrid, con asistencia de toda la Corte, 16-IX-1618, tomando posesión de su mitra, primeramente por poderes en septiembre. Visitó su nueva diócesis por primera vez en octubre, entrando en la capital en el 15 de este último mes.
 
Mas inmediatamente salió para Roma el 22 de Noviembre con el cargo de embajador extraordinario del rey de España, Felipe III, para que “suplicase al santísimo Padre Paulo V, en su nombre y en el de sus coronas y reynos, declarase por artículo de fe el haber sido la Virgen santísima, reyna y señora nuestra, concebida sin pecado original”
 
La razón fundamental de este nombramiento de Obispo, a Fray Antonio, parece ser que era dotar al prelado de la suficiente autoridad, para encargarle una empresa que le preocupaba al monarca español: la aprobación por el Vaticano del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Por ello, en 1618, recibe una orden del rey y 8,000 ducados para que emprenda su embajada en Roma.
 
Le parecía al monarca que el P. Trejo era el más apto para ejercer dicha embajada, pues había comprobado las cualidades que tenía, ya que lo había demostrado rigiendo la Orden Franciscana. Pero a esto se unía que por entonces estaba en Roma su hermano Gabriel, el Cardenal Trejo, que también era partidario y defensor de que se proclamara tal dogma.
 
Fr. Antonio de Trejo aceptó ambos honores, y así se lo comunicaba agradecido al monarca.
 
Pero, como en todos los acontecimientos entre poderosos, toda cara tiene su cruz.
 
Al divulgarse la noticia de la embajada de Trejo, se levantó en la corte y otros lugares una verdadera tempestad de calumnias y contradicciones contra e1 nuevo embajador; pero la voluntad del monarca estaba ya decidida y toda oposición a la embajada resultó inútil, aun cuando fuese fomentada por personas tan ilustres como el nuncio, que tenía órdenes terminantes de la Santa Sede de impedirla.
 
Un inconveniente que se presentaba era la cuestión económica. Expone luego su situación económica diciendo que, aunque es verdad que él ofreció a Su Majestad partir con toda brevedad para Roma, puestos sus ojos únicamente en el cumplimiento de la obediencia y por haberle parecido que las rentas de su obispado de Cartagena le bastarían para cubrir los gastos de su viaje, después se había convencido que su misión había de ser mucho más costosa de lo que creía al principio. De ahí que hayamos dichos antes, que recibió 8,000 ducados.
 
Sobre las objeciones aducidas por los contrarios expone el P. Trejo una que le parece digna de la consideración del monarca. Dice que aquellos habían informado mal al Papa declarando que en España no se había observado su último decreto pontificio sobre la opinión pía, con el fin de irritarle, y al mismo tiempo excusar los escándalos que después habían dado, que eran en su concepto, los mayores que se habían visto en esta materia.
 
A pesar de todos estos inconvenientes, se mantiene la embajada. Por ello desde Murcia, Fr. Antonio de Trejo se dirigió a Cartagena donde pensaba embarcar; pero a causa de las penalidades del viaje enfermó en esta ciudad, como él mismo escribe al secretario Tovar el día 9 de noviembre de ese año.
 
Por fin el día 22 se hacían a la mar a pesar de estar en contra los prebendados que le acompañaban, y del mismo jefe de las galeras, acostumbrado a ver siempre temporales en aquel mes de diciembre. Sin embargo, fue tan apacible la travesía de Cartagena a Barcelona, y sobre todo de esta ciudad a la de Génova, que los marineros juraron que en veinte años de cruzar el golfo de León no habían visto nunca aquel mar tan tranquilo y aquel cielo tan sereno.
 
Al tener noticias de su llegada el cardenal Trejo, hermano de nuestro obispo, se dirigió a Branciano, señorío del duque de Orsini, para abrazarlo.
 
El obispo Trejo entraba en Roma el 16 de diciembre, dirigiéndose inmediatamente al palacio pontificio para cumplimentar a Su Santidad, que lo recibió muy afectuosamente y mantuvo con él una larga entrevista llena de cordialidad.
 
Destitución del Embajador
 
Duro fue el trabajo del Obispo en Roma. Tuvo que presentar en varias ocasiones alegatos y escritos ante el Papa, que le recibió al menos cuatro o cinco veces. En principio dio largas al asunto; posteriormente con indiferencia, alegando razones poco convincentes para Fr. Antonio.
 
Añádase a esto la noticia extendida por Roma, y que en Madrid propagó el P. Aliaga, de que el obispo de Cartagena y el cardenal Trejo, su hermano, se dedicaban a reclutar votos para  el futuro cónclave, procurando la elevación de un Papa favorable a España. Aunque no hay que descartar la total posibilidad de que en sus conversaciones privadas Trejo faltase algo a la prudencia, la noticia en sí era completamente calumniosa.
 
La verdad era que Felipe III estaba convencido del fracaso de la embajada del obispo Trejo, y el 22 de junio firmaba en Lisboa la carta exonerándole del cargo de embajador y ordenándole volver a su diócesis. La carta fue encomendada al duque de Alburquerque para que la entregara a Trejo a su llegada a Roma.

sábado, 1 de julio de 2017

Fray Antonio Trejo y Paniagua Obispo de Cartagena (I)

Cuadro en la galería de Obispos de Murcia

Si el cardenal Trejo es la persona más importante de los nacidos en Casas de Millán, en orden eclesiástico, ciertamente su hermano Antonio no le va a la zaga.
 
Es lógico que la categoría  familiar influyera en la formación de los hijos, pues todos ellos, aunque eran chicos espabilados, no tenían la igualdad de oportunidades que los demás.
 
Al igual que su hermano, nace en la casa de la parte alta del pueblo, camino de la Canal, hoy calle de Miguel Hernández, según tradición.
 
Nace el día 15 o 16, en cuyo día se bautiza, de Julio de 1564.


Dice la anterior partida: En el lugar de Casas de Millán, miércoles, en diez y seis días del mes de Julio del año de mil quinientos y setenta y cuatro siendo yo Juan de la Pila Cura beneficiado del dicho lugar, bapticé a un hijo de Antonio de Trejo y de doña Francisca su mujer, fueron padrinos el Sr. Gutiérrez de Trejo y doña Juana, vecinos de este lugar, no bautizado en casa, en de lo cual lo firmé de mi nombre.
 
Al margen alguien puso después: Reverendísimo General fray Antonio Trejo y después Obispo de Cartagena y embajador de su Majestad en Roma”

Creo que no queda duda de su condición de “casito”.
 
En relación con sus estudios, su hermano Gabriel dice: “El señor Obispo entróse en la religión de San Francisco, desde niño lo escogió Dios… El señor Obispo estudió en su religión, tuvo crédito y fue Guardián y Secretario General y Comisario General de las Indias y General de toda su Orden, ahora es Obispo, y mañana será mucho más, que capaz es de todo cuanto hay en la Iglesia de Dios..”
 
En una reseña del Diccionario de la Historia Eclesiástica de España se nos dice de Él:
 
TREJO Y PANIAGUA, Antonio de, OFM: obispo, teólogo y diplomático. Hijo de Antonio de Trejo Monroy y de Francisca de Sande Paniagua, condes de Oliva, estudió en la Universidad de Salamanca, y en el convento de San Francisco de esta ciudad, perteneciente a la provincia de Santiago, tomó el hábito franciscano.
 
Es curioso el hacer referencia a que la hornada de novicios que hubo ese año se dio el caso, no creemos repetido en la historia, de que los 12 novicios que juntos hicieron el año de probación, todos llegaron al episcopado. Eso nos da idea del nivel tanto espiritual como intelectual del ambiente en que profesó Antonio.
 
En 1599 era lector de Artes en San Francisco, de León, distinguiéndose de tal manera en el cuidado de los apestados, víctimas de la epidemia que ese año asoló a la ciudad, que los leoneses pidieron fuera nombrado su Obispo.
 
(Un lector académico es un profesor que enseña y explica en su lengua materna alguna de las asignaturas académicas.)
 
De aquí pasó a enseñar Artes en Zamora; regresó nuevamente a León, donde en 1609 era lector de Teología y guardián del convento al mismo tiempo.
 
Comisario General de Indias
 
El nombramiento que se le hizo de Comisario General de Indias, el 28-IV-1610 le obliga a desplazarse a Madrid, a la Corte, donde intimó con Felipe III. Como consecuencia de dicha amistad llega el ser nombrado Ministro General de la Observancia, en 1609, cargo que desempeñó hasta Diciembre del 1613 y posteriormente, como Vicario General.
 
Cuando se habla de los famosos hijos del Real convento de Sta. Mª de Jesús se dice:
 
“Precisamente durante  la etapa de Ministro General de los Franciscanos, Fr. Antonio Trejo tuvo la honra de dar por su mano el Seráfico Hábito de la Orden Tercera de Penitencia de Nuestro  Seráfico P. S. Francisco en el Convento de Sta. Mª de Jesús de Alcalá a su hermano el Emin. Sr. D. Gabriel Trejo, Cardenal de la Sta. Iglesia, lo que blasonaba dicho convento como “gloria y honor que numera entre sus blasones este Grande m. Convento de S. Diego.”
 
El nombramiento de Comisario General de Indias le llegó con la Patente del General de Orden, P. Arcángel de Messina, en 28 de abril de 1.610, posesionándose de su cargo el 14 de julio inmediato y duró éste por tres años y cinco meses aproximadamente, ya que a la muerte del P. Juan del Hierro, Ministro general, fue electo en Vicario General en 7 de diciembre de 1.613. En este nuevo cometido rigió los destinos de la Orden hasta el 2 de julio de 1.618, en que le sucedió en el gobierno el P. Benigno de Génova.
 
En cuanto a su intervención al frente de la Comisaría de Indias nos son conocidos dos Informes o Memoriales al Consejo de Indias: uno sobre la Provincia de San Gregorio de Filipinas, mediando en el pleito entre Observantes y Descalzos, en el que teje elogio subidísimo de los primeros y de su aportación a la evangelización en el lejano Oriente
 
El segundo Memorial es sobre toda la Misión de Ultramar, en el que nos ofrece una estadística, algo abultada en número, pero en su conjunto bien informada, porque habla con documentos en la mano. Para América española es una magnífica síntesis, y en lo que respecta a Filipinas y toda aquella área misional, muy preciso y atinado en sus líneas y datos. Me hace suponer disponía, al redactarlo, de las informaciones de los PP. Alonso Muñoz y Beato Luis Sotelo incluso hasta de las Relaciones de los Visitadores y Capítulos provinciales de Filipinas.

domingo, 18 de junio de 2017

D. Gabriel Trejo y Paniagua (Cardenal Trejo) - (IV)

Su nombramiento como Presidente de Castilla
 
Terminada su misión en Roma, el año 1627, viene a España y comienza otro período de su vida; la Presidencia del Consejo del Reino. Se le libró el título de Presidente el 27 de Marzo de 1627.
 
Como vemos por la mención textual que se adjunta, sucede la renuncia de la Presidencia de D. Francisco de Contreras. Comienza el proceso para la elección del nuevo Presidente.
 
Era este Cargo de gran importancia, al que iba unido un salario adecuado. Le correspondía, entre otras cosas, presidir las sesiones, distribuir a los consejeros en salas, distribuir los expedientes, entrevistarse semanalmente con el monarca, etc.
 
Todos sabemos que tras todos estos nombramientos se mueven los intereses partidistas. Por eso la elección de D. Gabriel Trejo para la Presidencia de Castilla, tuvo algunas extrañezas, pues como nos dice “Historia y anales de la Diócesis de Plasencia”:
 
“Los muchos años de Don Francisco de Contreras, Presidente de Castilla, y Comendador mayor de León; pidió retirarse a Pastrana, cosa que consiguió.
 
El Conde-Duque tan lejos estuvo de que lo fuese cosa suya, que suplicó al Rey mandase a los Ministros más que grandes, que le consultasen de los tres Estados, Prelados, Señores y Graduados, las personas que juzgasen dignas de la Presidencia de Castilla; y habiendo sido varios las pareceres, el que el Conde dio al Rey fue el que menos esperaba el reino, porque el sujeto era el Cardenal Trejo, hechura del Duque de Lerma, beneficiado por Don Rodrigo Calderón, y deudo de la Condesa de Olivares su mujer; contra el cual por un designio de la era pasada, había presunciones contrarias en ésta, por el castigo de Don Rodrigo Calderón, por algunas sospechas de ánimo enconado en los Jueces y testigos de su causa.
 
Además, que este oficio puesto en un Cardenal tenía, menos facilidad de quitárselo si importase, que a otro vasallo de cualquiera género…
 
Todo esto junto, y otras razones diversas, que debieron de representar al Conde-Duque para alterar esta elección, no perturbaron su primer dictamen, ni contrapesaron el aprecio que había hecho del talento del Cardenal, de su calidad y letras y costumbres, de experiencia adquirida en los oficios por donde había pasado, y lo que la Corte Romana podía haber añadido a persona de tanta aplicación, que todo había de resultar a beneficio del servicio del Rey y bien de la República.

Intrigas
 
No faltó quien dijese, viendo lo que achacaban para aquella elección: Que no habían tomado los vicios tanta posesión del Conde-Duque, que atropellase sus mismos intereses por el Cardenal Trejo; pues pudiendo dar la Presidencia a uno de su casa, no halló tanta virtud en ninguno como en él; y esto es desentender su sangre por premiar al mérito. Últimamente, en esto abandonó las reglas de su conveniencia, pues le pareció justo anteponer el fruto que ellas pudieran rendirle, la justificación del Cardenal; y creyó, que haría un delito atroz, si no lo hubiese hecho así por temor de sus intereses.
 
Grandes esperanzas se consiguieron del nuevo Presidente; pero creyeron muchos que sería grato al Conde-Duque, mientras le reconociese Valido, y edificio de su fortuna. Estos agraviaban la bondad del Cardenal, y el acierto del Conde Duque, como feamente se engañaron otros, o desearon engañar, esparciendo que la majestad de la Reina, y los Infantes amenazaban la ruina del Conde-Duque.”
 
Es interesante saber cómo nada hay nuevo bajo el sol. Todo eso que ahora, parece descubrimos como tráfico de influencias, y que es penado, ya en tiempo del Cardenal Trejo era también una realidad. Como ahora, también había que probar la inocencia de tales acusaciones. Especialmente los enemigos presentan todas las acusaciones que pueden del pasado.
 
En “Rodrigo Calderón: la sombra del valido” nos cuenta lo siguiente:
 
“Trejo, siendo fiscal y oidor de la Cancillería de Valladolid había aceptado regalos del Marqués de Mondéjar, por lo que resultó obligado elevar un memorial de la Cámara de Castilla para justificar los objetos recibidos de mano de quien por entonces mantenía varios pleitos abiertos en la Real Audiencia. Finalmente, el Consejo de la Cámara resolvió a favor de Don Gabriel, alegando que aquellas mercedes obedecían a su relación de amistad y no fueron comprometidas para ganarse su favor en la resolución de las sentencias pendientes.
 
Entre otras intrigas nos encontramos las que por los años 1619 se monta contra el cardenal Trejo.
 
El duque de Uceda consigue encarcelar a Rodrigo Calderón, el hombre fuerte del régimen de Lerma. Cuando el Cardenal Trejo trata de defender a su tío, siendo el único, afloran las intrigas contra él. Fueron boicoteadas sus pretensiones de alzarse con el obispado de Jaén por Aliaga, confesor del Rey, que le acusa “de tener una amante de la que había engendrado una hija. Ese secreto lo conocían los nuncios Caetani y Cennini a través de Baltasar de Zúñiga, quien según estos, mantenía relaciones con la hija del cardenal mientras éste seguía con la madre.
 
Era una forma de venganza de Aliaga, “que se vengaba así de la campaña de descrédito que Trejo había dirigido en su contra acusándole de seductor de monjas y hechicero”. (El nuncio Cennini al cardenal Borghese, Madrid, 13 de abril de 1619,)
 
Al final de su mandato y estando agravadas las intrigas contra él, hay un acontecimiento presidido por D. Gabriel que nos da una vez más la importancia del cargo que ostentaba. Me refiero a la inauguración del Palacio de Santa Cruz.
 
Construcción del Palacio de Santa Cruz de Madrid, sede del ministerio de Asuntos Exteriores
 
En 1627, los Alcaldes formalizaban la adquisición de los terrenos y anejas edificaciones, que fueron derribadas, para formar el solar donde habría de levantarse el edificio.
 
El 14 de septiembre de 1629, en solemne ceremonia presidida por el Cardenal Obispo de Málaga, D. Gabriel de Trejo, Presidente del Consejo de Castilla, es colocada la primera piedra. Junto a ella, en una arqueta de plomo, quedaban depositadas diversas monedas del reinado de Felipe IV y un pergamino que decía así:
 
«La Magd del Rey Don Phelipe nuestro Señor Quarto de este nombre, Rey de las Españas y de las Indias, mandó hacer este edificio para Cárcel Real de su Corte octavo año de su Reynado y 1629 del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo siendo Sumo pontífice Urbano VIII y Presidente de Castilla el Iltmo. y Rmo. Sr. Cardenal de Trejo Obispo de Málaga que se hallo personalmente a ber poner esta primera piedra a 14 de Sete del año referido y sean patronos destas obras la Sacratísima madre de Dios y el arcángel San Miguel y Santiago patrón de las Españas.»
 
Hoy, bajo la torre vecina de la iglesia de la Santa Cruz, torre que se llamó en su día «de los calabozos», permanece la arqueta con su pequeño «tesoro» y el mencionado pergamino.
 
Las obras finalizaron en 1636.
 
Estos documentos avalan la categoría de la figura “Casita” más significativa de la historia del pueblo.
 
Obispo de Málaga

Catedral de Málaga

Las ansias de poder del Conde-Duque de Olivares van a ocasionar el enfrentamiento de dicho Conde y Gabriel de Trejo. Esto viene ocasionado principalmente por la oposición a la política económica del poderoso ministro. Tras la resaca del año 1625, se produce la bancarrota de enero de 1627 originada por las malas cosechas, alza de precios, cierre del comercio, devaluación del vellón y conflictos que están a la vista. El Presidente del ¨Consejo de Castilla, buen conocedor de la realidad, se opone abiertamente a las pretensiones del Conde-Duque.
 
Como hemos dicho D. Gabriel era Obispo de Málaga por designación en 1617, pero lo hemos visto ocupando otros muchos cargos, no entrando en su diócesis. Ahora va a ser la ocasión en la que tendrá que ir a su obispado.
 
El Conde-Duque mediante las intrigas correspondientes consigue que se le ordene incorporarse a su sede diocesana.
 
Llegó el 16 de Enero de 1630. Poco tiempo le duró dicha estancia, pues falleció el 11 de febrero de ese mismo año.
 
La mayor parte de los altos empleos los tuvo siendo obispo de Málaga, a la que únicamente vino en 1630 con objeto de  descansar de una carrera tan ilustre; pero falleció a los pocos días dejando la enorme suma de 50 mil ducados para fundaciones piadosas por especial cláusula de su testamento. Fue uno de los españoles más sabios de su época, sobresaliendo en la ciencia genealógica como lo acredita su “Historia de la Genealogía de la casas de Grimaldi”.
 
Todavía después de muerto hubo flecos de conflictos entre el Deán y Cabildo de la Catedral, sobre el pago de la misa y exequias a su fallecimiento, y los testamentarios del Cardenal, pidiendo a estos que pagasen al Cabildo las costas.
En Madrid 22 de diciembre de 1631.
 
Este fue el personaje más ilustre nacido en Casas de Millán. Pero no el único, como podremos ver después.

miércoles, 14 de junio de 2017

D. Gabriel Trejo y Paniagua (Cardenal Trejo) - (III)

Abad de Burgohondo

 Municipio: Burgohondo, Valle del Alberche y Tierra de Pinares

El monasterio se halla en el pueblo de dicho nombre en la provincia de Ávila. Ya en 1178 el Obispo de Ávila lo reconoce, albergando canónigos regulares de S. Agustín. Sus inicios en el edificio, fue la compra de una casa, transformada posteriormente para adecuarla a las funciones monacales.
 
Conviene advertir que dicho nombramiento de Abad de Burgohondo era otorgado por el Rey entres sus predilectos. Algunos de estos Abades fueron grandes eruditos de la época e incluso muchos de ellos fueron Inquisidores Generales… como el Cardenal Gabriel Trejo y Paniagua.
 
Algo que también nos puede parecer extraño es que el Cardenal, no vivió en dicho monasterio, y ello porque el beneficio abacial no exigía residencia. Puede, como veremos más adelante, que sí que estuviera en dicha abadía, aunque no mucho tiempo, cuando por cuestiones relacionadas con Rodrigo Calderón, cayó en desgracia.
 
No obstante consta que tuvo que intervenir en alguno de los numerosos procesos judiciales que se entablaron entre abades del monasterio y los pueblos de alrededor.
 
Baste recordar el que mantiene el abad-cardenal Gabriel de Trejo y Paniagua (al frente de la comunidad al menos entre 1617 y 1621) a principios del siglo XVII, que obtiene una sentencia a su favor en 1617, por los derechos sobre los diezmos de los molinos de Burgohondo, Hoyocasero, Navatalgordo, Navaluenga y Navalacruz, así como los del Barraco, fuera del territorio de su jurisdicción, según se especifica en la introducción al primer número de este capítulo cuarto.
 
La estancia del Gabriel en Roma, también tuvo que ver con el cometido que se le hizo a su hermano Antonio, pues como decimos en su apartado, le ayudó, dadas las relaciones que ya tenía allí.
 
Cosa curiosa, que se encuentra en relación con alguna de sus venidas desde Roma. Parece que se indaga la posesión de pinturas de un famoso pintor llamado Guido Reni. Fue uno de los primeros pintores durante el papado de Pablo V, de la Escuela Boloñesa. El Cardenal pide privilegios para pasar sus posesiones mobiliarias. Dice así:
 
Otros destacados personajes españoles residentes en Roma en la década de los veinte pudieron poseer obras de Reni, como el cardenal Trejo: Señor, el cardenal Trejo dice que V. M. le ha hecho merced de presentarle a la Iglesia de Málaga y para su venida de Roma tiene necesidad de su real cédula para que en los puertos de mar y secos de la Corona de Castilla dejen pasar su ropa y hacienda libre de todos derechos, sin verla ni registrarla, su plata labrada, oro, dinero, sedas de Italia, bordaduras, no otras cosas prohibidas de entrar en estos reinos, suplica a V. M. mande se le libre su real cédula de paso para todo lo dicho que en ello recibirá particular merced”.
 
No aparece en este manuscrito mención explícita al cuadro de Reni, si bien se recuerda la venta de algunas pinturas pías de autor no especificado. El cardenal había partido para Italia a finales de febrero de 1621. A los 23 (de febrero de 1621) besó la mano al Rey el Cardenal Trejo Paniagua, para irse a Roma.
 
En este período el Cardenal, como era su cometido, atendió a los múltiples asuntos que se le presentaban y que según diversas referencias despachó brillantemente. Por supuesto que tenía sus adversarios a quienes no les gustaban sus actuaciones. De él hace referencia un poema satírico de la época, cuando dice al Rey Felipe IV, contra los gobernantes del rey anterior:
 
   Veinte borregos lanudos
   tiene Vuestra Majestad
   que trasquilar para mayo,
   bien tiene que trasquilar.
   Y, en trasquilando estos veinte,
   otros veinte le darán,
   que es bien que a su casa vuelva
   lo que en otras está mal:
   Lerma, Uceda, Osunilla
   Calderón, Tapia y Bonal
   Ciriza, Angulo, el Buldero,
   Confesor y San Germán;
   Gamboa, Heredia y Mexía,
   Soria, Texada y Tobar,
   el Arzobispo de Burgos,
   Trejo, aunque es cardenal,
   don Octavio de Aragón,
   que todos juntos darán,
   lo que a su corona deben.
  ¡Viva Vuestra Majestad!
 
Como podemos ver, siempre la historia se repite.
 
Momentos bajos del Cardenal
 
En el mundillo de los linajes sabemos que, como en todo colectivo humano, precisamente por la adquisición de poder, estuvo con intrigas y enredos.
 
No escapó el Cardenal a todas estas intrigas.
 
La raíz de todo ello está entre el Duque de Lerma y Conde Duque, que es quien quiere alzarse con todo el poder. Esto trae como consecuencia la persecución de Rodrigo Calderón. Entre los que más tienen que agradecer a Calderón nos encontramos con el Sr. Cardenal, “pariente de su esposa y hechura reconocida del valido”, y su hermano Antonio.
 
A Rodrigo Calderón se le prende, llevándolo a la fortaleza de Medina del Campo, y desde allí, se le mandó trasladar a la de Montánchez.
 
 “La nueva de este suceso hizo gran ruido en España y aun fuera de ella, porque en todas partes era conocido y afamado don Rodrigo Calderón por su antiguo valimiento, por su riqueza y su magnificencia. Los únicos que se prestaron a ampararle fueron su padre don Francisco, comendador mayor de Aragón, y el Cardenal de Trejo, sobrino de la marquesa su mujer, que desde Roma donde se hallaba pidió licencia al rey para venir a consolar y defender a su tío, a quien debía la alta dignidad en que estaba constituido en la Iglesia. Se la concedió el soberano, acaso porque en Roma no impetrase del Pontífice gracia para el procesado, y cuando el cardenal vino a España resuelto a penetrar hasta el calabozo de su tío, se halló con un mandamiento del rey en el que se le prescribía que pasara a Burdongo, en el obispado de Ávila, de donde era abad, y donde habría de permanecer hasta nueva orden.”
 
Sin poder hacer nada por su tío, el Cardenal tiene que volver a Roma.