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miércoles, 3 de mayo de 2017

D. Juan Yáñez, Obispo de Calahorra (II)

Inquisidor en Granada

Es muy probable que ejerciera bien su oficio, por lo que se le encarga la responsabilidad de crear la Inquisición en Granada, que tuvo algún antecedente en Jaén, porque se dice:

Lo cierto es que aquel se estableció primeramente en Jaén, y de allí pasó a Granada por orden de Carlos V en 5 de Noviembre de 1526. Sus primeros ministros fueron el licenciado Hernando de Montoya, inquisidor mayor; el licenciado Juan Ibáñez, inquisidor; el licenciado Hernando Duque de Estrada, fiscal; Hernando de Soto, alguacil mayor; y el licenciado Guerrero, secretario del secreto.

No tenemos muchos  datos más sobre el desarrollo de su estancia en Granada, porque según  el mismo documento nos dice:

El archivo de la inquisición de Granada fue entregado a las llamas en el año de 1823 por temor de que un cambio político reprodujese sus persecuciones.

No obstante tenemos también un dato en “La conquista de Granada”

El 7 de diciembre de 1526 una junta celebrada en Granada decidía radicalizar las prohibiciones y aumentar el grado de intolerancia: la prohibición de la circuncisión, de la lengua árabe hablada o escrita, de la tenencia de esclavos, de los rituales en el sacrificio del ganado, de los vestidos, amuletos, joyas, etc. que tuviesen relación con la religión islámica. El mismo día, el inquisidor de Jaén, el licenciado Juan Yáñez, era trasladado a Granada con el encargo de poner en marcha un tribunal cuya jurisdicción abarcaría todo el “el arzobispado y la ciudad de Granada, los obispados de Málaga, Guadix y la abadía de Baza, y todo el antiguo reino de Granada ganado por los Reyes Católicos”: en esta fecha se nombran los correspondientes funcionarios. (6)

Lo que sí se sabe es que debió tener bastante trabajo en su oficio de inquisidor, pues tanto los problemas anteriores como posteriores de aquellos tiempos así nos lo indican.

La rebelión del Albaicín se extendió muy pronto a otras comunidades mudéjares. Durante todo el año 1500 se produjeron revueltas en la Alpujarra, Almería y Ronda, haciendo necesaria la intervención militar del mismo rey. El triunfo castellano no resolvió ninguno de los problemas que la provocaron; desde enero de 1500 comenzaron las conversiones en masa, pero no fue el hecho de la diferenciación religiosa el único que influyó en la rebelión y en los sucesos posteriores. En 1495 y 1499 la Corona exigió a los mudéjares nuevas contribuciones fiscales que no recayeron sobre los pobladores cristianos. Durante los años 1501 y 1502 se desarrollaron nuevas manifestaciones intolerantes; la Inquisición había comenzado a funcionar hacía tiempo: en 1499 se había nombrado inquisidor de Granada a Diego Rodríguez Lucero, y aunque la instalación definitiva de un tribunal en Granada no se llevó a cabo hasta 1526, desde 1500-1501 desarrolló sus actividades desde Córdoba. En octubre de 1501 se ordenó quemar todos los libros relacionados con la religión musulmana y en febrero de 1502 se obligaba a los mudéjares granadinos a decidir entre la conversión al cristianismo y la expulsión. La mayoría de ellos se bautizó a lo largo de un período de tiempo que llegó hasta bien entrado el año 1506. Nuevas capitulaciones que la monarquía suscribió con diferentes comunidades moriscas marcan el cambio de actitud en relación con los problemas derivados de una conversión forzada que hizo fracasar estrepitosamente el viejo ideal evangelizador de fray Hernando de Talavera. La intolerancia comenzó a concretarse en un conjunto de prohibiciones que, pretendiendo acelerar la integración, provocaron el efecto contrario: desde la anulación del régimen fiscal granadino hasta la reglamentación de cómo deberían sacrificarse las reses, un conjunto de medidas afectaron al sustrato cultural y señas de identidad de los granadinos. La limitación del uso de armas, la prohibición de la vestimenta morisca, la elaboración de un catálogo de profesiones y actividades reservadas a los cristianos, vinieron acompañadas de disposiciones que intentaban evitar la relación de los moriscos con los musulmanes del norte de África. (7)

Inquisidor en Toledo

No permanece mucho tiempo en Granada, pues en  1528 fue proveído por Inquisidor de Toledo, donde residió más de 20 años, y el Emperador Carlos V le hizo merced de trescientos ducados de pensión en el obispado de Málaga.
No cabe duda que la experiencia de las inquisiciones periféricas, donde los conflictos eran más numerosos y de marcado rigorismo, hacen avezados a los inquisidores. Juan Yáñez ha adquirido experiencia para ser trasladado a una de las Inquisiciones más importantes.

Entramos en una etapa en la que ya los judíos y moriscos han sabido sortear las dificultades anteriores, y se da más la simulación de las exigencias reales para poder permanecer en territorio español.

Algo de esto se encuentra en un pequeño relato, en que se nos dice:

“En su caso, entonces, el bautismo no se vio como algo forzado; lo hicieron «con muy buena voluntad», según sus propias palabras. Por supuesto que no podemos aceptar así por las buenas lo que decían, ya que hablaban en 1530, cuando el inquisidor Juan Yáñez visitaba la zona e iba demandando pruebas de bautismo.” (8)

No le era fácil descubrir la verdad pues se ocultaban unos a otros, ya que sabían disimular su condición de islámicos. Pero como  hay signos específicos, culturales y religiosos que no se pueden ocultar por ellos los descubrieron. En 1538 cuando el inquisidor Yáñez empezó su encuesta sobre los moriscos de Daimiel supo rápidamente, a parte de los del vino y del tocino, que los moriscos solían llevar barba, que excavaban sus tumbas muy hondas, que degollaban las reses de forma especial. Con ello creció su convicción personal en cuanto a su íntima fidelidad al islam. Pero, no podía entablar un proceso con indicios tan endebles. Necesitaba hechos más concretos Ningún cristiano viejo se los pudo dar. Los propios moriscos le opusieron en verdadero muro de silencio… La solidaridad y las presiones eran tales, que ninguno se atrevió a hablar. El inquisidor tuvo que dar la batalla para romper el cerco.

A todos ellos, Yáñez los sometió a averiguaciones especiales preguntando “secreta y apartadamente” al resto de moriscos si conocían de su bautismo. A mediados de septiembre concluyó su misión. Había censado un total de ciento setenta y dos moriscos, quince de ellos bautizados fuera de la villa.
La misión de desarrolló entre 1530-38.

“El inquisidor Juan Yáñez llegó a La Mancha en enero de 1538 y, nada más instalado en las Cinco Villas, empezó a investigar las costumbres de los moriscos. A raíz de las denuncias que recibió de algunos cristianos viejos decidió, en noviembre de 1538, arrestar a Lope de Hinestrosa, vecino de Daimiel, seguramente porque todos lo consideraban el jefe de la resistencia que los moriscos de la región ofrecían en aquellos momentos al inquisidor.

En los meses siguientes, Yáñez fue de una parte a otra del campo de Calatrava, investigando las denuncias y arrestando a los acusados. El 16 de julio de 1541 veintiséis moriscos de Daimiel salieron en un auto-da-fe; de ellos dos fueron relajados al brazo seglar, a morir quemados en la hoguera. (9)

Catedral de Calahorra
Nombramiento de Obispo

Ya con una larga experiencia y una madurez de gobierno, nuestro personaje ”casito” ha demostrado su servicio a la realeza. Precisamente al referirse a quienes prestaron servicios a los Reyes Católicos, Alonso Fernández (O. P) nos dice: “de don Juan Yáñez, Obispo de Calahorra, natural de Casas Domillán, aldea de la jurisdicción de Plasencia, el cual sucedió en el obispado a don Juan de Villalva, hermano del Coronel Villalva, Chantre  que había sido de Plasencia. (10)

Bastan unas citas para ver la bondad que había adquirido

Después en el año 1543 le presentó por obispo de Calahorra, de que está bien descuidado, por su humildad y virtud: fue  grande Inquisidor; concurrieron en él todas las calidades y buenas partes que se requieren para ejercer tan grande y santo oficio. Era sencillo de gran bondad. (11)

Era tan moderado en sus aspiraciones, de tan pocas necesidades y tan escasa su ambición, que se conceptuó muy recompensado con aquella mezquina suma, sin que volviese a solicitar más en su vida. Su virtud, sin embargo, fue causa de sus adelantamientos; pues sin excitación de ninguna especie, el Emperador le presentó para el obispado de Calahorra en 1543. 

No disfrutó mucho tiempo de este cargo, pues murió al cabo de un año el día 24 de Diciembre de 1544, en la ciudad de Logroño, a los setenta años de edad. Fue sepultado en la capilla de nuestra Señora de la Antigua en la iglesia parroquial del palacio.- M. B.”

En la relación que hace de Esteban de Zamalloa y Gariby nos dice:

“Entre los obispos de Calahorra y la Calzada, sus contemporáneos, tuvo amistad con D. Juan Yáñez, inquisidor que había sido antes de Toledo, prelado tan santo y ajeno de las pretensiones de obispado que como Francisco de los Covos, secretario del dicho Emperador, le escribiese a Toledo, donde era inquisidor la merced que el Emperador le hacía de elegirle por obispo de estas dos iglesias unidas y un criado suyo le diese la carta con el parabién, tratándole de Señoría, le respondió con santa inocencia que debía venir errado, enviado al otro señor inquisidor, su compañero, que era muy amigo de su amo, pero él no le conocía, ni jamás le había escrito carta: en estos tales están bien los obispados.” (12)

Con tan poco tiempo en su misión de Obispo no pudo desarrollar mucho sus capacidades. Por eso es considerado en la Diócesis de Calahorra como un obispo de transición, aunque tenía en marcha un Sínodo en Sto. Domingo de la Calzada. Así lo expresa Santiago Ibáñez en su libro “Diócesis de Calahorra a mediados del s. XVI”.

“Menos podemos adjudicar tal visita a Juan Yáñez (1543-1544), entretenido el año que vistió la mitra episcopal en celebrar un Sínodo en Sto. Domingo de la Calzada. Tanto a Antonio Ramírez de Haro, como a Juan Yáñez se los puede considerar  obispos de transición entre quienes les precedieron y sucedieron” (13)

Éste es nuestro casito histórico que abrió el camino para otros muchos, como veremos posteriormente.

Cuadro cronológico
  • Nacimiento: 1474
  • Ordenación sacerdotal: 8-10-1508
  • Inquisidor en Cuenca: 1518
  • Inquisidor en Murcia Jaén: 1525
  • Inquisidor en Granada: 5-11-1526
  • Inquisidor en Toledo: 1528
  • Obispo de Calahorra: 24-09-1543
  • Muere el 24-12-1544

domingo, 23 de abril de 2017

Personajes nacidos en Casas de Millán: D. Juan Yáñez, Obispo de Calahorra

Los pueblos no solamente tienen una historia general, sino que están compuestos de las historias personales de sus habitantes, y especialmente de los nacidos en ellos.

Son esas historias personales, las que nos indican también la calidad del terreno social en que enraizaron. Se pusieron desde la niñez en un ámbito social. Y, aunque es cierto que la calidad social de las familias determina en gran medida el desarrollo de las personas, no es menos cierto, que la persona del niño queda impregnada por el humus social que la rodea.

La pretensión de estos apuntes, no es de erudición histórica intelectual, sino de hacer llegar a los habitantes actuales de Casas de Millán, el conocimiento de un pueblo que ha tenido un pasado muy brillante, con sus personas relevantes. 

De algunos de ellos hay escrito mucho. No seré yo quien trate de recopilar todo.

De otros por el contrario, no nos quedan nada más que referencias escuetas de su nacimiento o paso entre nosotros y su posterior ausencia.

Aunque se haga referencia en algún momento a personajes seglares, nos referiremos principalmente a personas que han profesado la vida religiosa o sacerdotal secular. O como ocurre con el “fundador” de La Virgen de la Montaña en Cáceres, su vida quedó marcada por la gran devoción a la Santísima Virgen. 

No se trata de la biografía de ninguno de ellos, sino de pinceladas de sus vidas.

Comenzamos por el más antiguo que he encontrado y que algunos conocen.

D. JUAN YÁÑEZ, OBISPO DE CALAHORRA

No son muchas las noticias tenemos de este Obispo. Es más, parece que hay una confusión en el nombre y apellidos. Es cierto que con esta nominación se encuentra en la lista de obispos de la diócesis de Calahorra.

Según las referencias, nace en Casas de Millán, aproximadamente por los años 1474, puesto que murió a la edad de setenta años en 1544. No se puede aportar documentación testificativa, puesto que los archivos parroquiales no comienzan hasta los años 1560. Su procedencia debía ser de familia acomodada, más, diríamos que señorial, puesto que llega a obtener una plaza en El Colegio Mayor de San Bartolomé.

Si decimos que procedía de una familia acomodada es porque el apellido Yáñez, procedente de Galicia, lo ostentan personajes importantes. La casa solar de esta noble familia procede del lugar denominado 'Tierra de Bóveda', próxima a la ciudad de Orense. Desde tiempos inmemoriales, los miembros del linaje de los Yáñez se vinieron dedicando al ejercicio de las armas.

De Galicia, el apellido Yáñez se fue extendiendo por ambas Castillas, Extremadura y, sobre todo, por Andalucía.

Tengamos en cuenta que el apellido Yáñez lo ostenta, Gonzalo Yáñez de Balboa, 9º Maestre de la Orden de Calatrava, entre otros. Igualmente Pedro Yáñez, de la Orden del Temple.

Es muy probable que llegara a Casas de Millán con motivo de la repoblación que tuvo lugar en estas tierras desde Castilla, cuando se pusieron límites a los reinos de Castilla y León mediante la línea de la Vía de la Plata y que sigue como límites aún entre la diócesis de Coria y Plasencia.

Además, el hecho de que estudiara en el Colegio Mayor del Arzobispo, nos da un motivo más para atribuirle un origen familiar importante, puesto que el colegio lo fundó Diego de Anaya Maldonado en 1401, adscrito a la Universidad de Salamanca. Uniforme formado por manto y beca color pardo.

Se exigía “limpieza de sangre”, por lo cual es de suponer que sus padres eran “cristianos viejos”. 

Fue creado para “mozos  inteligentes y de pobres recursos”, aunque después lo dominaron para nobles. Entre sus colegiales, con el correr de los tiempos, hubo unos 101 obispos salidos de sus aulas. Posteriormente tendremos otros personajes, nacidos en Casas de Millán que cursaron sus estudios en este Colegio.

De su familia solamente encontramos, en una referencia de intervención inquisitorial en Sefarat del Toboso, donde dice: que estaba presente  Martín Rodríguez, hermano del dicho inquisidor. ¿Qué hay de verdad de dicho parentesco? No se puede asegurar.

Se ordenó de sacerdote en 8 de Octubre del año de 1508, y se graduó de licenciado en cánones en el mencionado colegio.

Conviene hacer aquí un inciso, para aclarar, ante la confusión que alguno pueda tener, que a este Juan Yáñez, se le confunde a veces con un Juan Ibáñez; otros con Ramírez. No es Ibáñez. 

Cuando en, “Vida de Diego de Anaya y Maldonado”, página 159 hace la reseña de Juan Yáñez, como alumno de dicho colegio, en una nota al margen dice:

La vida de este prelado escribe el cronista Gil González Dávila, tom. 2 del Teatro Eclesiástico de las Iglesias de Castilla, hablando de la de Calahorra, fol. 367 y le llama D. Juan Ramírez, y no D. Juan Yáñez, siendo este último nombre el que se halla en el libro de las Entradas del Colegio.

De este colegio salió para Inquisidor de Cuenca

El asentamiento de la Inquisición en Cuenca tuvo lugar en 1489. Aquí encontramos a Juan Yáñez en 1518 según consta:

En la pág. 21 escribe: En el año 1518 siendo inquisidores los licenciados Pedro de los Ríos y Juan Yáñez, el inquisidor general, entonces cardenal Adriano de Utrech, ordenó que siempre que hubiese que sentenciar a algún hereje del priorato de Uclés citasen al prior o su vicario.

Quedan algunas notificaciones de las actuaciones que tuvo en Cuenca. Así el 8 de agosto de 1519, el fiscal Martín de Baracaldo presentó una denuncia contra Diego del Castillo ante los inquisidores Pedro Gutiérrez de los Ríos y Juan Yáñez por «delito de herejía e apostasía y ofensa a nuestra santa fe católica y religión christiana». Repetidas veces, y más particularmente cuando perdía en el juego, soltaba palabras blasfematorias en la plaza mayor, tales como «la escritura miente y aun Dios miente», «no creo en Dios si Dios lo puede hazer», «ni el Padre ni el Hijo ni el Espíritu Santo tuvo poder para ello», «en Dios no hay misericordia», «reniego de la cruz en que Jesu Cristo fue puesto», o bien «reniego de Dios todo entero». De hecho, las palabras de Diego formaban parte de un anticlericalismo popular que había calado hondo en la mente del hombre moderno español, y su actitud no dejaba de ser un delito menor en comparación con el judaísmo, el mahometismo o el luteranismo. (2)

Uno de los episodios que se le presentaron a D. Juan Yáñez, mientras estuvo de Inquisidor en Cuenca fue el de las Brujas

El terror cundía entre el pueblo y, ante la alarma social, los inquisidores Juan Yáñez y Pedro Gutiérrez de los Ríos decidieron intervenir, ordenando divulgar por pregón público que toda persona que tuviera alguna sospecha de este tipo avisara al Santo Oficio pues, de lo contrario, caería sobre ellos la pena de excomunión mayor.

La primera denuncia fue remitida desde Villalba de Huete (Villalba del Rey en la actualidad) el 20 de junio de 1519 por una mujer llamada Juana, esposa de Pedro de la Fuente, que acusaba a las brujas de haber matado a una de sus hijas hacía 16 años y de haber hecho un segundo intento de asesinar a otra que había nacido recientemente. (3)

A pesar de todas las intervenciones que tuvo que tener en los tribunales de la Inquisición, también encontró alguno que le sirvió de satisfacción espiritual. Nos cuenta José María Rodríguez González que ante los rumores de querer trasladar los restos de San Julián, Patrón de la ciudad de Cuenca, decidieron inspeccionar dichos restos.

El primer registro y examen se hizo el 17 de enero de 1518, se encomendó a dos Prebendados que fueron D. Gómez Carrillo, Canónigo y Tesorero, y al Doctor Eustaquio Muñoz, Canónigo; los cuales invitaron al Licenciado Pedro de los Ríos y a D. Juan Yáñez, Inquisidor Apostólico y a otras personalidades eclesiásticas, para que se hallasen presentes, con escribano y testigos, haciéndose el domingo en la noche del día diecisiete de enero de 1518.

Como la piedra que cubría la sepultura era muy grande, se llamaron canteros y oficiales que con los instrumentos adecuados levantaran un palmo la losa y se pudo ver y se vio que estaba el Cuerpo del Santo con “entereza cabal de sus vestidos y miembros”. Al instante salió del sepulcro un aire tan vehemente, “que pudo matar una candela” y con una fragancia suavísima, tan del Cielo, que ninguno acertaba a darle nombre, porque se le comparaba con fragancias terrenales. Unos la comparaban con el olor del ámbar, otros al árbol del Paraíso y otros a especies y confecciones aromáticas. Gozosos con el hallazgo se mandó volver a cubrirle, determinando fabricar una caja de sabina en donde ponerlo. (4)

Como podemos observar no le faltó trabajo al “casito” Inquisidor.

Inquisidor en Murcia y Jaén

No sabemos exactamente cuándo es nombrado Inquisidor de Murcia y Jaén pero en una nota que aparece en el proceso inquisitorial de Antonio Medrano, alumbrado epicúreo dice:

Parece que en 1525 es inquisidor en Murcia pues el 23 de Febrero comunica a las justicias locales “para que nos dejéis e consintáis libremente entrar en la ciudad de Orihuela a exercer este Santo Oficio de la Santa Inquisición”. El 7 de diciembre de 1526 el licenciado Juan Yáñez a la sazón inquisidor de Jaén… 

Lo cierto es que al crearse la Inquisición en Granada él se encuentra en Jaén.

Es probable que lleve allí dos o tres años.